Autor Tema: [MTG Novela] LGH: Parte 1: Estudio de las Fuerzas, Capítulo 4: Visiones-Final  (Leído 260 veces)

Desconectado MaxClowReed

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 Tocasia tropezó con los dos hermanos, que poco a poco se levantaron del suelo. Sin importar lo que hubieran hecho, la enorme piedra de poder se había dividido en dos, y cada hermano tenía una parte de ella. A diferencia de otros pedazos de piedras que Tocasia había encontrado en la excavación, estas joyas conservaban su brillo y energía. Parpadeaban con el poder que aún les quedaba dentro. Cada joya brillaba con una gama de colores, aunque la de Urza brillaba más a menudo de color rojo, mientras que en la de Mishra predominaba el verde.

 Asombrada, Tocasia se dio cuenta que la cámara estaba mas iluminada. El cristal de las placas a lo largo del techo eran más ligeras ahora, y no había más destellos a lo largo de las paredes de metal plateado. Urza ya estaba al lado de Mishra. El hermano más joven se encogió de hombros rechazando la oferta de ayuda del mayor y se puso de pie por su propia cuenta. Al pararse su cuerpo se balanceó ligeramente, como si sus piernas fueran miembros nuevos para él.

La cara de Urza estaba tan pálida como la de un fantasma, los colores de la piedra fracturada jugaban a través de ella. "¿Qué pasó?" dijo sin aliento. Tocasia miró a los dos hermanos. Parecían aturdidos pero relativamente intactos. "La joya de poder explotó", dijo. "Tienen los fragmentos en sus manos." Mishra señaló a su hermano. "¡Fue su culpa!" "¡Yo estaba tratando de detenerte!", estalló en un grito Urza. "¡Basta!" gritó Tocasia, su voz resonaba en las paredes. "¡Escuchen!"

 Ambos jóvenes se detuvieron un momento y escuchó lentos y rítmicos sonidos de pasos de pies de metal contra la piedra. Numerosos y uniformes, los pasos eran pesados e implacables. Y se oían cada vez más cerca. Aparecieron formas en el otro extremo de la cámara. Tocasia no se acordaba de haber visto una puerta antes de la explosión, tal vez no hubiera habido alguna. “Se debe haber abierto hace tan solo algunos momentos”, pensó, y a través de ella aparecieron una media docena de formas titánicas.



 Los Su-chi, guardianes de los Thran, con sus caras lupinas y sus rodillas montadas hacia atrás. Aunque poseían una descomunal, estructura retorcida, podían moverse con rapidez. Se abalanzaron sobre el trío. "¡Huyamos!" gritó Tocasia. "No," dijo Urza. "Creo que puedo manejar esto." Su joya parecía brillar aún más a medida que hablaba. La sostuvo en frente de él. Un rayo de luz de color rubí brilló de los bordes de la piedra y se lanzó por la habitación, bañando los seis mecanismos de gran tamaño. Estos dudaron, bebiendo el resplandor. Luego reanudaron su marcha.
 "¡Se están moviendo más rápido!" gritó Tocasia. "¡Aquello que hiciste los hizo más fuertes!" "Entonces huyamos", dijo Urza. Mishra levantó su piedra, pero Urza le golpeó el brazo haciéndole desistir. " Ya lo intentamos y no funciona. ¡No empeores las cosas!" Corrió tras Tocasia. Mishra corrió detrás de ellos.



 Todas las escaleras que habían descendido ahora eran como acantilados que debían subir de nuevo. Tocasia sintió la tensión en sus músculos y lloraba cada vez que subía un escalón. Sus huesos parecían hechos de piedra. Al final del tercer juego de escaleras Tocasia debió apoyarse en el hombro de Urza. Los Su-chi eran más lentos en la escalera, pero las criaturas subían dos escalones a la vez y eran incansables.

 Tocasia miró por encima de su hombro. Los Su-chi les estaban alcanzando. En la parte superior de la escalera Mishra se detuvo, jadeando. Urza estaba en mejor forma , y Tocasia sentía como si ella se fuera a desmayar. "Tal vez ... podamos encontrar algo ... que arrojar hacia abajo. Que les bloquee ... su camino", jadeó Urza. Mishra levantó la piedra , pero Urza negó con la cabeza , exhausto. "No funciona. ... les hace más fuertes. Ya lo intenté."

 Mishra jadeaba también, pero finalmente logró forzar sus palabras. "Lo has intentado. ... Con…tu piedra. Voy a tratar ... con la mía." Urza dejó escapar un grito, pero el hermano más joven fue más rápido. Levantó la piedra antes que él, y sus rayos se lanzaron por las escaleras. La luz de la joya no pasó por el aire en línea recta, mas bien se dobló, describiendo una curva arqueada teñida de un resplandor verdoso.
 La luz golpeó la cabeza de un su-chi a mitad de camino, mientras estaba subiendo un escalón. El artefacto, vigoroso y saludable un momento antes, se hundió notablemente, como si su vitalidad hubiera sido absorbida. Se inclinó hacia delante al dar el paso. La criatura detrás de él fue tomada por sorpresa y cayó hacia atrás, llevándose a dos más con ella a medida que caía. Los tres se derrumbaron en el rellano formando una pila, y sólo dos de las figuras siguieron su camino.



 "No las detuvo”, dijo con voz entrecortada Urza. "Te lo dije". "Las hizo mas lentas", espetó Mishra. "Dejen las peleas para después ", dijo Tocasia, agarrando la parte delantera de su túnica. "Corran ahora". Tocasia sintió como si pecho se encendiera, cuando huyeron por los pasillos. Sin corredores a los costados, las posibilidades de perderse o de esconderse eran mínimas. Las placas cristalinas a lo largo del techo estaban todas iluminadas, invocando sombras extrañas mientras los exploradores corrían. Tal vez eran parte del sistema de vigilancia de los Thran, pensó la viejo erudita. Cuando alguien entraba y se utilizaba alguna máquina, las luces se encendían y los su-chi despertaban de su letargo.
 En los nichos que pasaban, Tocasia vislumbró otros artefactos Thran. Las máquinas luchaban por liberarse también, pero como estaban viejas y desmembradas no podían hacer mucho. Un brazo de metal se levantaó en señal de protesta muda al paso de Urza, Mishra, y Tocasia. Una cabeza lupina de metal de color azul oscuro se volvió hacia ellos y siseó. En un momento dado, la parte inferior del torso de un su-chi, con las rodillas hacia atrás y todo, se lanzó fuera de su nicho, desprovisto de su parte superior. Urza empujó a Tocasia detrás de él, Mishra alzó nuevamente su piedra. El rayo de energía color jade se arqueó hacia adelante, y los restos de la criatura explotaron, aterrizando las piernas en diferentes direcciones. Pasaron más allá del cuerpo de metal, en el fondo de su mente Tocasia se lamentó no haber tenido mas tiempo para examinar la criatura más a fondo.

 Los Su-chi se perdieron de vista, pero la anciana todavía podía oír el estrépito de sus pasos, el zumbido de los mecanismos dentro de sus pechos, y el ruido metálico de sus articulaciones. Adelante, el resplandor de la luz natural crecía cada vez más. Habían llegado a la entrada y estaban a salvo. Urza extendió un brazo a través del pasaje, capturando a Tocasia y Mishra, quien dejó escapar una maldición por debajo. El hermano mayor señaló con su otro brazo hacia la entrada.



 Una sombra se movía por la arena en frente de la boca de la caverna. Algo grande estaba esperando. Tocasia miró hacia atrás en busca de los su-chi, al mismo tiempo que ambos hermanos miraban horrorizados hacia adelante. El pájaro Roc se alzaba directamente sobre lo alto de la caverna, como un búho en espera sobre el agujero de un roedor a que apareciera su presa. Urza maldijo. "Déjame probar", dijo Mishra, alzando la piedra. Esta vez Urza no lo detuvo.



 Mishra enfilo hacia adelante para conseguir un tiro claro hacia el Roc con su piedra. Urza se quedó justo detrás de él. Mishra alzó la piedra, y el arco de luz verde, visible incluso a la luz del día, irrumpió hacia adelante y se dirigió hacia el centro del ave. El gran pájaro dejó escapar un grito tremendo. Se dió a la fuga, alejádose a un centenar de metros de distancia cerca de un gran espolón rocoso, donde se detuvo nuevamente. Los rayos verdes le siguieron, pero no le hicieron daño adicional.

 "¡Caete, maldito! ¡Caete!" murumuró Mishra entre dientes. "Lo estás debilitando", dijo Urza, "Pero es demasiado grande para caer. Demasiado difícil." "Viene la compañía", dijo brevemente Tocasia. A lo lejos en la distancia se escuchó el ruido cada vez mas cercano de los su-chi. "Entre el desierto y las profundidades saladas del mar." citó Mishra un viejo refrán del desierto. Urza se quedó mirando los restos del nido de arañas de metal, situado al pie de la colina. "Mishra, tomó a Tocasia y corrió hacia el ornitóptero. No dejes de correr hasta llegar allí."

 "Pero el Roc..” quizo decir Mishra. "Deja que el Roc sea mi problema ", dijo Urza y saltó hacia adelante en la luz del sol. Tocasia protestó, pero Mishra ya le había agarrado por la muñeca y tiraba de ella para que corriera detrás suyo. Los dedos de Mishra se atornillaron alrededor de su brazo, y ella no tuvo más opción que seguirle. Las luces detrás de ellos ya reflejaban el metal azul de los cráneos su-chi.

 El Roc se hechó a volar tan pronto como apareció Urza, precipitándose de nuevo con sus titánicas garras hacia su presa en la boca de la caverna. Su pico de buitre serpenteó hacia abajo para atrapar al joven, pero Urza fue demasiado rápido para él. En un segundo se arrojó entre los restos de la araña de bronce llenaban la base del acantilado. Tocasia fue medio guiada, medio arrastrada por Mishra hacia el ornitóptero. A mitad de camino se escondieron detrás de una gran roca a cubierto. Dos pares de ojos miraban alrededor del borde de la roca en busca de cualquier signo de Urza.

 "¿Qué está haciendo ese tonto?" susurró Mishra. Vieron a Urza precipitarse entre los restos enterrados de las arañas, y luego desaparecer. Tocasia se llevó la mano al pecho y se quedó sin aliento. Urza estaba entre una de las arañas de metal destrozadas. Su mitad de la piedra parecía funcionar de manera diferente que la gema de Mishra. "Va a ..." Se detuvo y tragó saliva. Su boca se sentía como si estuviera llena de metal. "Va a tratar de conseguir hacer funcionar una de esas arañas. Pero ¿por qué ...?"

 El resto de su frase se perdió en un titánico zumbido palpitante proveniente debajo de sus pies, y uno de las arañas de dorada-rojizas se sacudió de su tumba de arena. La arena se escurrió de ella como si fuera agua, y Tocasia vió que la armadura de la araña estaba desperdigada en una media docena de lugares y le faltaba la mayor parte de sus piernas delanteras. A través de la parte pelada de la armadura pudo ver a Urza jalando frenéticamente palancas y presionando botones. Hubo un resplandor rojizo a su alrededor, haciendo que el vapor que salía de los lados de la bestia pareciera un aura infernal.



 "Lo está encenciendo con la piedra", dijo Mishra. "Introdujo su piedra en la máquina. Debe hacer a los artefactos más fuertes." "No. La piedra está en su mano," le corrigió Tocasia. "Pero tienes razón. Está usando la piedra para hacer mas poderosa a la máquina, para aumentar todo el poder que tiene." "Lo que sea," gruñó Mishra, apuntando hacia la apertura. "Se le está acabando el tiempo. ¡Mira!" En la entrada de la caverna el resto de los su-chi, se lanzaban hacia la luz solar.

 La torreta de la parte posterior de la araña emitió nuevamente un sonido metálico agudo, mientras giraba sobre unos engranajes dentados llenos de arena y esgrimió un cañón largo, de aspecto peligroso. Tocasia supo de inmediato que era un arma. El pájaro Roc gritó y se abalanzó hacia adelante para deshuesar el bocado sabroso de su caparazón así como una gaviota come un cangrejo. Tocasia oyó que Urza gritó unas palabras ininteligibles, y el cañón escupió una llama de fuego. El sonoro trueno del disparo del arma hizo eco a través del cañón de Koilos.



 La llama alcazó al Roc en el centro de su pecho, encendiendo sus plumas y envolviendo su cuerpo en llamas. La gigante bestia alada intentó volar, pero el fuego era insidioso, arrastrándose a lo largo de las alas del Roc y prendiéndoles fuego cuando la criatura las quizo alzar. Por un instante, el ave se convirtió en el ave fénix de la leyenda Fallaji, bañado en llamas. Pero en vez de renacer como el ave mítica, el Roc se redujo, cayendo al fondo del cañón que había debajo.



 El gran pájaro se precipitó justo delante de la entrada de la caverna donde los su-chi estaban parados. Las criaturas debilitadas tuvieron tiempo de mirar hacia arriba, y Tocasia logró escuchar un ruido metálico agudo parecido a un quejido que podría haber sido un grito. Entonces el titánico cuerpo en llamas del Roc cayó sobre ellos, aplastándolos por completo.

 Hubo otro grito, este más agudo, más entonado. Venía de la araña de metal oxidada y rota con la que Urza había derrotado a sus oponentes. El vapor que había rodeado a la nave se convirtió en humo negro; llamas y chispas recorrieron el armazón del artefacto. Urza había soltado el dispositivo y se lanzaba a la carrera. Tocasia notó que sostenía la gema roja contra su pecho.

 El silbido de la araña se hizo aún mayor. Llegó un momento que el tono fue tan agudo que casi dividió el cerebro de Tocasia en dos. Luego, con un crescendo de truenos, la araña de metal explotó. El ruido de la explosión retumbó desde los lados del acantilado y fue respondido a los pocos segundos por ecos proyectados en la parte superior del cañón.

 Urza alcanzó a los otros. Tocasia comprobó la entrada de la caverna, pero todo lo que era visible era los restos humeantes del Roc. "Eso se encargará de ellos ", dijo Urza. Su rostro y sus cabellos estaban manchados de hollín, y olía a cuero quemado y metal. "Tuviste suerte", dijo Mishra con el ceño fruncido. "Todos tuvimos suerte," dijo Tocasia. "Suerte de encontrar este lugar, suerte de escapar del Roc. Suerte de escapar de las cavernas sin perecer. Ahora esperemos ser lo suficientemente afortunados para volver a casa."

 "Tu si tuviste suerte", repitió Mishra a su hermano. "La suerte no tuvo nada que ver con eso", respondió Urza, con una tono hosco en su voz. "Pensé que sabía lo que hacían esas cosas arácnidas, y yo tenía el poder de marcar la diferencia. Fue rapidez de planificación, tal vez, pero no suerte." "No tenías idea", le presionó Mishra. "Accidentalmente hicistes a los guardianes más fuertes con el poder de la piedra."
 "Uno aprende de sus errores", dijo Urza, encogiéndose de hombros. "Por lo menos yo. Tú sigues cometiendo nuevos errores todo el tiempo." "Chicos", advirtió Tocasia, "este no es el momento para ello." "¡Fui yo el que debilitó a los su-chi con mi piedra!" interrumpió Mishra. "¡También fuiste tú el que hizo estallar el cristal!" replicó Urza. "¡Yo no lo hice, yo no toqué nada!" gritó Mishra. "¡Fuistes tú!"

 "¡Alto!" gritó Tocasia, dando un paso entre los dos jóvenes. "Podemos discutir sobre esto una vez que estemos en el aire. Por el momento tenemos que reparar el ornitóptero y volver." Hizo un gesto con la cabeza hacia los restos humeantes del Roc. "No sabemos si ese pájaro era solitario o uno de una familia más grande."

 Tocasia se alejó de la pareja. Se preguntó si había algo entre los escombros que pudiera utilizar como bastón. En el vuelo hacia la caverna había perdido el suyo, y ya podía sentir los músculos de las piernas acalambrarse por el uso excesivo. Ella esperaba tener largo descanso después de esta aventura. Detrás de ella, ninguno de los hermanos se movieron. Tocasia se giró y dijo: "Que sea para hoy, si no les importa." Se dio cuenta que los dos hermanos parecían como si les fuera a salir humo sus oídos.

 "En un momento," dijo finalmente Urza. "Primero, dámela". Extendió su mano derecha. Su izquierda todavía aferraba la gema de color rojo-brillante. "¿Qué?" preguntó Mishra, aferrando su propia piedra cerca del pecho. "La piedra", replicó Urza. "Dámela. Tal vez podamos encajar las piezas de nuevo juntas." Mishra se aferró a la piedra con más fuerza, y Tocasia podría jurar que vio como parpadeaba la piedra en su mano, tan amarillo-verdosa como los ojos de un gato. "No," dijo. Su rostro se transformó en un profundo ceño fruncido.

 "Existe la posibilidad de que podamos restaurarla", dijo enfadado Urza. "Bueno”, le espetó Mishra. "Dame la tuya." La cara de Urza creció más. "No puedo. Es posible que la rompas." "¡Yo no rompo cosas!" dijo Mishra con vehemencia. Su voz era chillona. A Tocasia le pareció a punto de romperse, como lo había hecho varios años atrás durante su adolescencia. "¡Tú eres el que siempre piensa que lo sabes todo", continuó, "pero siempre me echas la culpa! Bueno, no eres tan inteligente como te crees que eres. ¡Todo el mundo lo sabe!"

 "Yo tengo mas experiencia porque soy más viejo", dijo con frialdad Urza. “Entonces, te darás cuenta que yo no quiero renunciar a mi piedra ", replicó su hermano. "Si quieres que encajen entre sí, dame la tuya, ¡Maestro Alto y Poderoso demasiado-bueno-para-el-resto-de-nosotros! Hermano, demuéstrame que eres el más sabio. ¡Dame tu piedra!" "¿La quieres?" gruñó Urza. “Muy bien. ¡Toma, entonces! ¡Tú siempre te apropias de cosas que no son tuyas! "

 Tocasia comenzó a gritar, pero ya era demasiado tarde. Urza lanzó un puñetazo, todavía tenía la piedra agarrada con fuerza en su mano. Mishra dio un paso adelante, directamente al golpe de Urza. La gema se conectó con la frente del hermano menor y le hizo caer en un montón. Urza saltó hacia delante, de rodillas sobre la forma caída de su hermano. "Lo siento, Mishra. Yo no tenía intención de golpearte." Mishra ya se había levantado con los codos y estaba tratando de alejarse. "¡Aléjate de mí, maldita sea!" Tocasia tiró del hombro de Urza. "Despierta. ¡Deberías ser mas considerado!" -gruñó ella. Su temperamento se deshilachó a punto de ruptura. "Siempre estás diciendo que eres el más viejo y el más inteligente", dijo severamente. "Bueno, mira lo que has hecho."

 Urza quiso comenzar a hablar, luego miró a su hermano. La joya había cortado la cara de Mishra, y la sangre carmesí comenzaba a llenar la herida de la sien. Urza miró de nuevo a Tocasia. “Yo…Yo... lo siento,” tartamudeó. Le tendió la mano vacía a Mishra. "No fue mi intención. Lo siento." Mishra le alejó, golpeando la mano de Urza. "¡Vete! ¡No necesito tu ayuda!" Tocasia quizo empezar a hablar. "Mishra, tu hermano está tratando..." "Y yo no necesito que me expliques las cosas que le corresponden a él." le interrumpió. "Voy a estar bien." Se volvió hacia su hermano. "La piedra es mía. Tú ya tienes la tuya." Tocasia sintió que su interior se fundía en ira. Ambos jóvenes eran estúpidamente tercos. No tenía tiempo para esto. Respiraba pesadamente, controlando su temperamento por un acto de voluntad.
 “Muy bien,” dijo al fin. "Urza, extiende la estructura del ornitóptero. Mishra, investiga los restos del Roc para ver si alguno de los guardianes su-chi sobrevivió. Grita si alguno se mueve." Ninguno de los hermanos se movió, y Tocasia exclamó con una voz de acero. "¡Ahora, niños!" Ambos se volvieron a sus tareas, pero Tocasia se dio cuenta que cada uno fulminó con la mirada al otro como si fueran perros rivales.

 El viaje de vuelta al campamento de Tocasia se hizo en un silencio malhumorado, volando durante la noche para evitar acampar nuevamente. Ninguno de los hermanos habló más de tres palabras el uno con el otro. Se limitaron a temas prácticos como la forma en que respondía el ala dañada, el clima, y el curso actual del ornitóptero. Tampoco hablaron sobre el corazón secreto del los Thran, el Roc, o de su lucha. Tocasia se dio cuenta de que no solo la piedra de poder se había hecho añicos ese día.
Semper Servus
MaxClowReed


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