Prólogo
Los opuestos se atraen (63 AR) (AR es de Argivian Record, o Cuenta Argiviana, es la cuenta de los Años en Dominaria o por lo menos en Terisiare, el año 0 es el año de nacimiento de Urza y de Mishra Es como el AC o DC de nosotros)
Era la noche anterior al fin del mundo.
Los dos ejércitos se habían reunido en lados opuestos de un valle destruido. Mucho tiempo atrás éste había sido un exuberante valle, su extendida llanura surcada por un amplio y serpenteante arroyo, sus colinas laterales cubiertas de robustos robledales, Maderapálida y Raicesprofundas. Ahora estos árboles se han ido, no quedan mas que algunos troncos irregulares, el pasto calcinado, y una tierra seca y
estéril. El arroyo no es mas que un lento hilo de agua oculto por una capa gruesa de aceite, cuya superficie se quiebra solo por ensombrecidas masas de sólidos innombrables.
Espesas y entintadas nubes ocultaban de toda vista a las lunas y las estrellas. Había estado nublado y frío en Argoth, a pesar de haber tenido una temporada mas cálida en otras partes de Terisiare. Cuando la guerra se hacía más próxima ambos bandos comenzaron a incendiar los bosques que encontraban a su paso aunque sólo sea para negar a sus oponentes los suministros de apoyo. Durante el
día la nube semejaba a un dosel gris mate, una hoja de acero laminado y sin terminar. Por la noche iluminada sólo desde abajo, por las miles de fogatas y fundiciones que ahora salpicaban el paisaje. A lo largo de los bordes opuestos del valle iluminado por las llamas, las fuerzas invasoras brillaban en la oscuridad como ojos maléficos.
Atravesando el pequeño arroyo había un par de gigantes derribados, restos de una batalla anterior entre los invasores y los habitantes originales de esta tierra. Uno de los gigantes caídos estaba hecho de madera viva, y se había dividido en mas de mil fragmentos. Su enorme cabeza selvática descansaba en el suelo, gritando en silencio a la noche indiferente. Había sido el último campeón de los nativos de Argoth, el avatar de su diosa, y con su muerte murió toda esperanza para la gente de la isla.
El vencedor de la batalla también había sido destruido en la lucha. Este enorme monstruo humanoide era de piedra, sus articulaciones construidas con multitudinarias láminas óseas de hierro y grandes engranajes de bronce. Su cuerpo lítico había sido roto y remendado infinitamente, y grandes hojas de metal habían sido atornilladas a su piel para mantenerlo unido. La batalla con la bestia del bosque había sobrecargado sus pistones y armaduras. Su estocada final había dividido a su oponente, ahora yacía tendido hacia delante, boca abajo, un puente sobre la tibia corriente. Uno de los brazos del gigante de piedra había sido arrancado en medio de la batalla y estaba tendido a
algunos cientos de metros de distancia, sus dedos alzados queriendo desgarrar el cielo.
En la parte posterior del cadáver silencioso del gigante de granito una figura solitaria esperaba. En su juventud había sido ancho de hombros y guapo, pero los años de la guerra y el servicio a su amo le habían agotado. Hoy sus hombros están hundidos, y su cuerpo lleva el peso adicional tanto de sus responsabilidad como de su edad. Su pelo rubio, alguna vez alborotado lo llevaba corto, y un primer lunar de piel se hacía evidente en la corona de su cabeza, heraldo de la calvicie final. Sin embargo, como era más alto que la mayoría de sus compañeros, los otros no le veían a menos que estuviera sentado. Por el momento se paseaba a lo largo de la espalda del gigante.
Tawnos se quitó su amarronada capa de lana de alrededor de su cuerpo, maldiciendo al frío y la oscuridad. Mientras lo hacía con los dedos rozó la coraza de metal que le colgaba por debajo. No encajaba con él, ya que no había sido hecha específicamente para su gran cuerpo, y solo la había traído como una ocurrencia tardía. El mensaje había sido cálido y acogedor, pero llegó desde el campamento enemigo. Urza se hubiera irritado si su ex-alumno hubiera bajado la guardia tan fácilmente.
Hubo movimiento a lo largo del otro lado de la espalda del gigante, cerca de donde su cabeza destrozada yacía en un ángulo retorcido con el resto del cuerpo. Tawnos no la vio subir, pero de repente allí estaba -un destello de pelo rojo rodeado por un manto de ébano. Parecía como si ella llevara un pedazo de la noche misma. Y lo llevaba tan bien.
Estaba sola, como había prometido. Al cruzar hacia él, Tawnos sacó un pequeño dispositivo de bolsillo. Era una esfera achatada con la mecha de una lámpara que sobresalía de la parte superior. Apretó un clavo del costado de la esfera, y el dispositivo chisporroteó. La mecha estalló en una llama breve, amarilla, que cambió a un tono naranja suave cuando Tawnos la manipuló utilizando el perno lateral. Ashnod se acercó a la luz, y vio que ella tenía esa sonrisa perpleja que él siempre había encontrado atractiva. También vio que ahora había cabellos plateados entre los de color escarlata.
"Había oído que estabas muerto",dijo.
"No creas todo lo que oyes, pichoncito", respondió Ashnod indiferente con una amplia sonrisa. "He oído de mi muerte al menos cinco veces en los últimos diez años." La sonrisa se desvaneció y la voz se volvió solemne. "Haz venido. Gracias."
"Enviastes un mensaje ", dijo Tawnos.
"Podría haber sido una trampa", dijo Ashnod.
"Podría haber sido", admitió Tawnos y abrió su capa. Su coraza reflejó la pequeña luz que brilló fuera de los dos conjuntos de armas ornamentadas montadas en sus caderas. Ashnod sonrió de nuevo.
"Es bueno saber que estás siendo cauto", dijo.
"Preparado", observó Tawnos. "Eso es todo. Preparado".
Ashnod descolgó la mochila en el suelo y se arrodilló junto a él. Tawnos vaciló, luego se unió a ella. Se sentaron en relativo silencio durante un largo rato. Lejos, en la distancia a cada lado del valle, los martillos de la forja preparaban los asuntos sangrientos del día siguiente.
"Me enviastes un mensaje," repitió Tawnos.
"Este será el último, sabes." dijo Ashnod mirando hacia fuera en una noche atravesada por fuegos de color rojo. "La última batalla. El conflicto final. De una forma u otra, la resolución de la guerra entre tu maestro y el mío."
"Entre Urza y Mishra," dijo Tawnos asintiendo.
"Ambos están aquí", agregó Ashnod. "No hay refuerzos. No hay retirada posible para cualquier lado. De una forma u otra, todo termina aquí."
Tawnos se movió incómodo. Hacía mucho tiempo que no se había sentado con las
piernas cruzadas sobre la piedra dura. "Es un buen momento para un final",dijo.
"Todo esto ha durado demasiado tiempo".
Frente a él, Ashnod inclinó la cabeza en la luz. "Y se ha perdido mucho."
"Si, muchos han perdido sus vidas", acordó Tawnos.
Ashnod rió, un sonido enfermizo que puso los pelos de punta del cuello de un irritado Tawnos. "¿Vidas?" dijo. "Las vidas no son nada. Piensa en todos los bosques destripados, los lagos drenados, las tierras saqueadas para llegar a este punto. Piensa que hubiéramos hecho con esos recursos. Y la gente: sí, la forma en que podrían haberlos utilizado. "
Mientras hablaba Tawnos podía sentir como su cara se estiraba en señal de desaprobación. Incluso en el tenue resplandor Ashnod podía sentir su irritación en silencio. “Lo siento” dijo al fin. "He hablado sin pensar."
"Es bueno saber que hay constantes universales", dijo Tawnos fríamente.
"Lo siento". Hubo otra pausa, y en la distancia algo traqueteó. Sonaba como un demonio riendo mecánicacamente. "¿Cómo está?" dijo al fin.
"Lo mismo, sólo que más", respondió Tawnos. "¿Y el tuyo?"
Ashnod negó con la cabeza. "Algo está mal ...". Tawnos levantó una ceja y añadió rápidamente, "Mishra está más frío que nunca. Más calculador. Estoy preocupado."
"Yo siempre estoy preocupado", dijo Tawnos. "Urza se ha vuelto cada vez más retraído con el paso de los años." "Retirado", dijo Ashnod. "Esa es la palabra. Como si no estuviéramos allí. Como si no hubiera nadie más." Ella extendió la mano para tocarle el hombro. Tawnos se puso rígido, lejanamente inclinado, y ella dejó caer el gesto.
“Tienes razón acerca de que todo es una pérdida ", dijo al fin. "Pero se puede evitar, incluso ahora."
"¿Cómo?" los ojos de Tawnos se estrecharon.
"Darle lo que quiere", dijo Ashnod. "Darle a Mishra la otra mitad de la piedra."
"¿Rendirse?" dijo Tawnos, con voz muy fuerte. "¿Después de todo esto, entregarse? ¿Cuando mañana debemos ir al campo de batalla? Antes de venir a Argoth, podría haber sido una opción, tal vez." Pensó un momento y dijo más para sí que para su compañero: "No, ni siquiera antes."
Ashnod levantó ambas manos en un gesto pacífico. "Sólo una sugerencia, pichoncito."
"Él te ha enviado con ese mensaje?"
"No, son mis propias palabras", espetó Ashnod. "Él no confía en mí", añadió en voz baja.
"¿Quién podría, en este momento?" preguntó Tawnos. Las palabras salieron de su boca antes de darse cuenta lo que dijo.
-“Bien,” gruñó ella, y se levantó de repente. Agarró la mochila, que desapareció
de nuevo en las sombras de su capa voluminosa. "Si hasta traía regalos".
"Cualquier regalo proveniente de tí sería tratado con desconfianza," dijo Tawnos revolviendo sus pies y colocándose junto a ella.
Se detuvieron por un momento, y un viento frío pasó entre ellos. Luego Ashnod dio la vuelta para marcharse.
"Tal vez ..." comenzó Tawnos. Ella dudó de sus palabras. "Tal vez podríamos conseguir
unir a nuestros dos maestros", continuó. "Sin sus armas. Sin sus ejércitos. Tal vez hay una manera de hacer que ambos se entiendan."
Ashnod negó con la cabeza. "Están congelados en sus acciones ahora, tan mecánicos como sus propias invenciones, tan implacables como las fases de la Luna Brillante". Ella mostró una triste sonrisa. "Sueñas con un momento en que pudieran entenderse entre sí. Ese momento nunca existió."
Ella se alejó de él, luego se detuvo y se volvió. "Mañana sé cuidadoso. Que sobrevivas a la batalla." Caminó hasta el otro extremo del gigante derribado,
y se puso su capucha. Su cabello escarlata desapareció y se fundió una vez más con
las sombras.
"Tú también ten cuidado", dijo Tawnos a la muda oscuridad y se volvió en silencio hacia su propio campo. Mientras retornaba, una parte de su mente tomó nota de las condiciones del terreno, ya que tendría que evitar las trampas del ejercito de Urza. Pero otro segmento de su conciencia meditó las palabras de Ashnod, repitiendo una y otra vez.
“Ese momento nunca existió..."
CONTINUARA...